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domingo, 2 de agosto de 2015

Las Cosas de Goyo "Los centros comerciales son como los antiguos mataderos"


“Yo veo las escaleras de los centros comerciales como aquellos mataderos que usan pa’ los animales” porque aunque los centros estos no están pensados para que terminemos en jamoncitos y choricillos, sí lo están para dejar nuestras carteras hechas trizas. Son una oda al gasto, la orgía de la VISA y una solución para los sábados que no sabes que hacer:

“¿Qué hacemos hoy, cari?”
“Al centro comercial”
“¿Qué quieres comprar?”
“Nada, me apetece ir a dar una vuelta, hacer cola en la carretera para entrar, buscar parking sin chocarme con ningún otro coche luchando a muerte por la última plaza, luego hacer cola para tomar un café, pasear a trompicones entre la muchedumbre, probarme cuatro cosas en los probadores después de esperar seis horas a que quedara uno libre y luego ya volvernos a casa, a las tres de la madrugada, a descansar de un día duro”

Siempre había pensado que los centros comerciales estaban llenos por nuestra tendencia a gastar dinero. Nos gusta gastar. Nos lo llevan inculcando desde pequeñitos gracias a la publicidad en TV a base de cancioncitas pegadizas. Y sino cuando vamos al súper, estoy seguro que muchos de vosotros ahora me odiaréis por mencionar a la bicha de entre todas las canciones pegadizas: la del Mercadona. Mercadooona. Mercadooona. Seguro que la estáis cantando ahora. Más de uno la quiere llevar a Eurovisión: no ganaremos igual, pero les joderemos la vida a los europeos durante un buen rato.

Pero no, la gente no va explícitamente a gastar. A veces se pasean durante horas sin gastar un duro. Mirando escaparates. Se me ocurren mil millones de planes mejores para un sábado por la tarde para una pareja joven antes que mirar escaparates. Desde fornicar como si no hubiera un mañana hasta pasear por la montaña, visitar algún monumento emblemático de la ciudad más cercana o jugar al duro con chupitos de lejía. ¡Lo que sea! ¿Pero mirar tiendas por qué? ¿Hay algún toque artístico que yo me he perdido en esos escaparates?

Además, todo se torna un punto más demencial cuando nos damos cuenta que visto un centro comercial, vistos todos. Las mismas tiendas, los mismos restaurantes, hasta a veces me ha parecido ver a las mismas personas y todo. Que igual son de atrezzo y están ahí con bolsas vacías para animar a comprar. La única diferencia que hay entre unos centros y otros es la distribución. Por eso ponen mapas de “usted está aquí”. “Cómoh voy a estar aquí, tíah, si esoh e un punto rojo y yo estoy aquí fuerah” Gente que se pierde también hay. La cuestión es que han conseguido la unificación de las compras y la homogeneización de la forma de vestir. Que se viste igual aquí que en Cuenca.

Curiosamente los centros comerciales importados desde EEUU, reyes del mambo en esto de conseguir que la gente gaste con desenfreno triunfan una barbaridad. ¡Ponga un centro en su pueblo! Proclaman muchos alcaldes que aún no se han dado cuenta que la época de la burbuja terminó. Las aglomeraciones no nos espantan; es más, parece que nos sintamos cómodos en ellas caminando por inercia llevados por el rebaño cuales ovejitas con tarjeta de crédito. Y por megafonía el pastor: “¡Descuentos del 50% en ropa de verano!”

Goyo Gonzalez                                         

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