Mientras paseaba por las calles de mi querida Isla Cristina. Me llamo la atención un tendedero de una azotea, con una gran toalla que contenía estampada la figura de una hermosa mujer tendida al sol.
Fijándome atentamente medí cuenta que era ella, la famosa tigresa de ojos azules que tantas leyendas y chorros de tinta han hecho correr. Embozadito como un rafalero en la playa, no perdí detalle observando como el viento la balanceaba de un lado para otro con sus tetas al aire sin siliconas adultera. Fue entonces cuando una cercana y tierna vos llamo mi atención, era ella, no podía ser otra, mi señora, la madre que la pario, que de mi sueño me despertó.
Articulo de: 迭 戈. Nota, el blog no se hace responsable de lo escrito por este señor.

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