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lunes, 23 de noviembre de 2015

Pastelería Pavón, Cumplirá el centenario más dulce

La mítica pastelería cumplirá pronto el siglo de vida. Fundada por Manuel Pavón Mesa en 1919, nunca cerró sus puertas, pese a los acontecimientos históricos mas relevantes y las épocas más grises por las que atravesaba el país.

Manuel Pavón Mesa, fundador de la genuina pasteleríaNadie que pase por su puerta, en el céntrico Paseo de Los Reyes, antes Cánovas del Castillo, puede intuir la historia que atesora Pastelería Pavón. Un amplio local, de calle a calle, que tras su traslado al contiguo, pasó del blanco y negro al color, de fachada moderna y letrero en acero inoxidable.

Abrió sus puertas en 1919, bajo el reinado de Alfonso XIII, sobreviviendo a varias crisis, guerras con sus pos, dos dictaduras y nueve Papas. Desde sus hornos han salido miles, millones de pasteles de todos los colores, sabores y tamaños que han endulzado, no solo los hogares isleños, sino los de toda la provincia e incluso de otras, que se hacen kilómetros para saborear sus exquisiteces. Bizcotelas, borrachos, petisúes, milhojas, piononos, almendrados, cuernos de hojaldre rellenos de crema pastelera que, junto a sus tartas de hasta quince pisos, presidían las mesas de bodas, bautizos y comuniones, de entonces y de ahora.
Fue un isleño quien la fundara en 1919 y nunca antes había tenido relación con el negocio, ya que era empleado del ayuntamiento, participante en la construcción del primer puente de madera de la localidad y recién casado con la isleña Leonor Viso González. Manuel Pavón Mesa era un hombre leído que compaginaba su profesión con la devoción, la repostería, y junto a su esposa idearon recetas que cumplirán el centenario en el verano de 2019.

Por entonces la guerra civil española se llevó a filas al único aprendiz que tenía el horno, ocupando su lugar un doceañero José Biedma Viso, sobrino del dueño, que a pesar de las reticencias de su padre, que quería darle una carrera, como a su hermana que terminó siendo matrona, el joven aprendiz se reveló y con la ayuda de su madre comenzó a trabajar. Por las mañanas creció entre azúcares, natas y merengues y por las tardes entre papeles y tinta negra, ya que recibía clases particulares para continuar con sus estudios, fue la condición que su padre impuso.
Pepe Biedma terminó conociendo todos los entresijos del negocio, gracias a sus ganas de aprender y algo de ayuda del dueño de la confitería sevillana La Campana, que veraneaba en las playas isleñas y entabló amistad con los Pavón. El joven aprendiz refinó sus conocimientos adquiridos de forma autodidacta en el famoso horno hispalense durante medio año, lo que a la postre aplicaría a las recetas de la que terminaría siendo su pastelería.

Llegado 1948, su tío y propietario decide retirarse y le cede el testigo del negocio, ese que se hiciera famoso, además de por sus dulces, por no cerrar nunca. Tenía horario continuado desde la mañana hasta la noche. En días de fiesta, como las del Rosario o del Carmen, les daban las dos o tres de la madrugada porque era habitual que los jóvenes novios y familias isleñas, y de fuera, terminaran la jornada festiva con un pastel de Pavón.

Biedma, que pronto se casaría con Encarnación González Fernández, ya como propietario, realizaría pocos cambios. Quizás uno de los más significativos, “cerrar al mediodía para irme a almorzar” y en el plano culinario, transformar los borrachos de redondos a cuadrados, el resto continuó igual, siendo las milhojas, petisúes, bizcotelas y el mismo borracho los que más venta producían.

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