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miércoles, 6 de enero de 2016

El radiólogo de Huelva Antonio López premiado por la Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla

Por su trabajo de investigación ‘Pioneros y mártires de la radiología sevillana’ se le ha concedido el galardón Real Ilustre Colegio Oficial de Médicos sobre el tema ‘Medicina, Historia de la Medicina y Humanidades’

La Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla, reunido el jurado correspondiente y el Pleno de la misma, ha decidido conceder el Premio Real Ilustre Colegio Oficial de Médicos, sobre el tema ‘Medicina, Historia de la Medicina y Humanidades’ al trabajo titulado ‘Pioneros y mártires de la radiología sevillana’ del que es autor el también académico y radiólogo de Huelva, el doctor Antonio López Jiménez.

El autor de este premio de investigación no se conoció hasta que se abrieron las plicas de los trabajos galardonados en la sesión de clausura del curso académico 2015 de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla. Y se le será entregado en la próxima sesión de apertura de nuevo curso académico de este 2016, prevista para finales del mes de enero en el salón de actos ‘Ramón y Cajal’ de la citada instiución.

Antonio López Jiménez, además de miembro de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla desde junio del 2011, ha sido jefe de Servicio de Radiodiagnóstico del Hospital Infanta Elena, de Huelva, hasta diciembre del 2014 y director de CEDICO, Centro de Diagnóstico por la Imagen con Alta Tecnología. Y con su trabajo pone de manifiesto las vivencias y vicisitudes, prácticamente desconocidas, de los tres primeros médicos sevillanos que, tras el descubrimiento la noche del 8 de noviembre de 1895, en Wursburg (Alemania) por Wilhelm Conrad Rontgen (1845-1923), de los Rayos X  logran traer hasta Sevilla a principios de 1896 los primeros equipos de radiología, a los que la Electrología, había dado la espalda, y sin tratar, sin protección alguna personal, a los primeros pacientes.

De los tres médicos sevillanos el conferenciante Antonio López Jiménez ha profundizado, y queda constancia con ello en el trabajo de investigación ahora  premiado de la trayectoria de los tres primeros radiólogos que trajeron hasta Sevilla, primero, y luego el resto de Andalucía, las nuevas técnicas sin que se conociera aún los efectos que iban a tener para su propia salud.. Pero Felipe Carriazo fue el primer fallecido en España por ‘carcinoma radio’ inducido en 1919; José Manuel Puelles lo hace en el año 1925 por afectación hematológica radio inducida tras varias amputaciones y Leopoldo Murga, que tuvo más suerte, en su relación con los Rayos X, muere en 1923 por coma diabético. Si en el año 1895 se descubría los Rayos X al observar la fluorescencia que mostraban unos cristales de platinocianuro de Bario, situados a cierta distancia, de un tuvo de rayos catódicos con el que estaba experimentado Wilhelm Conrad, que en 1901 le proporcionó el Nobel de Física (el primero que se otorgaba), los tres médicos de Sevilla no tardaron en comprar dichos equipos en 1896 después de lo que hicieran los doctores Eduardo Fontsere y César Comas y su primo Agustí Prio en Barcelona, quien publica su propia experiencia de la carcinogénesis latrogena de los Rayos X que le llevaría a la muerte por metástasis de un carcoma de manos en diciembre de 1929.

El académico de Medicina, el doctor onubense Antonio López Jiménez, en el trabajo que ha merecido este reconocimiento, ha recuperado con todo detalle la vida profesional de los tres pioneros sevillanos en aplicar la nueva tecnología descubierta en ese final del siglo XIX y que luego tanto ha aportado al campo médico en general. Con su estudio se quiere rendir homenaje a los primeros radiólogos andaluces porque su afán emprendedor les pasó luego enormes sufrimientos personales hasta el punto de que el doctor Carriazo, que había establecido en Sevilla el primer Gabinete de Radiología de Andalucía en 1897, sufre apuntación de dedos por radio dermitis en 1916 y en 1918 cáncer ganglionar en axila del cual es operado pero se le reproduce falleciendo en 1919, es el primer caso mortal del que se tiene  constancia en España por los efectos producidos por falta de protección al exponerse a los Rayos X. Murió, además, pobre y salvo algunas ayudas a su familia, cayó en el olvido y ni una sola calle en su ciudad recuerda su afán investigador y, sobre todo, innovador en pro de introducir los mejores equipamientos que en aquellos tiempos se conocían para diagnosticar enfermedades a sus pacientes. Según deja constancia en su obra el también radiólogo, Antonio López,  “nadie pudo informar a aquellos primeros aventureros de los riesgos que presentaba la manipulación de los Rayos X porque se desconocían sus efectos biológicos”, de ahí que haya querido calificar de ‘pioneros y mártires’ a los tres radiólogos que apostaron porque Sevilla pudiera estar al día contando con los equipamientos que se fueron descubriendo en aquella época. Algo que con este trabajo de investigación ha quedado de manifiesto para el conocimiento de la sociedad sevillana, en general, y del mundo de la medicina, en particular.

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